El inicio de nuestra labor como profesores comenzó con muchos tropiezos. No fuimos instruidos para desempeñar tan noble labor. Se ocuparon en convencernos de que debías estar en lo más alto del organigrama laboral, en la investigación, analizando, descubriendo nuevas cosas, diseñando, pero nunca compartiendo la información almacenada y acumulada por muchos años dentro de nosotros.
El empleo no lo busqué, llegó a mí; se presentó la oportunidad de ayudar a un amigo y de paso no estar sin hacer nada. Todo ocurrió vertiginosamente, sin esperarlo, ya tenía empleo y debía comenzar al día siguiente sin tener nada preparado. Eso es muy malo, los alumnos como los lobos olfatean el miedo; no por la falta de conocimientos, si no por no ser profesores. “Éste esta peor que el que se fue…”, eso cala hondo en el orgullo. Era el primer día y se presentaba el primer escollo que habría de sortear.
No sabía como comunicarme con ellos, hay un abismo entre las generaciones, no pensamos igual, ellos quieren disfrutar de la vida sin preocupaciones, yo quiero enseñarles. José M. Esteve marca en su ponencia “La aventura de ser maestro” que la primera dificultad es formar nuestra identidad profesional. Un verdadero problema ¿como actuar si nadie nos enseño a enfrentarlo? Tenemos los contenidos del programa, pero no sabemos la manera de hacerlos llegar a los alumnos. Nuestra única ayuda es la experiencia de estar al menos 16 años sentados en una butaca viendo circular profesores ante nuestros ojos.
Para formar nuestra identidad profesional debemos ser nosotros mismos, no tratar de imitar a nadie; descubrir cual es, depende de probar y equivocarnos. ¿Cuál será la primera imagen? El maestro regañón que impone su autoridad, el maestro barco que permite todo. ¿Cuál de ellos despertará su interés por aprender? Mi inicio no fue nada bueno, me moría de miedo, sentía un peso aplastante y su incremento era incontenible debido a la avalancha de preguntas de un tema que no dominaba por no usarlos en al menos 9 años.
El cambio fue inmediato, debía imponer mi autoridad y hacerme escuchar levantando mi voz y diciendo cosas de alto lenguaje poco entendible mediante el cual no tendrían escudo. Esto los contuvo un poco, pero no era la respuesta a todos los problemas, debía encontrar la forma de entrar en sus mentes. ¿Quién los conoce mejor que sus anteriores maestros? Así que recurrí a ellos, la respuesta fue sorpresiva, entiéndalos, baje a su nivel.
Era una mezcla de conocimientos extremistas; por un lado el nivel obtenido en la universidad, más el acumulado en los empleos anteriores era muy elevado, demasiado para que ellos comprendieran de que les hablaba en la clase; mientras tanto por otro lado, algunos temas que no maneje en mi época de profesionista estaban en el olvido. Debí adecuarme al nivel de bachillerato, en la forma de pensar de ellos.
Escalado ese problema se presentó otro, ¿cómo comunicarme con ellos? Tenía años hablando con adultos, con personas de mi edad y mayores a mi, no con personas que tenían la mitad de mi edad. La solución la encontré en los medios de comunicación. Abrí otra cuenta de correo electrónico y les permití enviar algunas tareas, los agregué al mensajero y aprendí sus palabras, gustos, tendencia de la música, la moda de todo. Me hice experto en todo, desde películas hasta el motor que usaría el próximo carro de Dodge. Tema que ellos comentaran en clase lo ajustaba al contenido del programa. Si Mark McGwire adelantó en un homerun en la carrera por más cuadrangulares en el béisbol a Sammy Sosa, ¿por qué no aplicarlo a probabilidad y estadística, el viaje de la pelota en física a un tiro parabólico?
Si ya conocía todos los tipos de maestros, debía tomar lo mejor de ellos y hacer lo que ninguno de ellos hizo, ponerse en el lugar del alumno. Debemos convertirnos en sus amigos, confidentes, padres, tutores, en alguien en que ellos deban confiar, no solo por los conocimientos que les transmitimos si no porque ellos saben que hacemos el esfuerzo de enseñarles algo que utilizarán más adelante. Ser un líder, alguien a quien seguir, a quien imitar es sumamente difícil.
Todos nos quejamos del nivel con el que llegan, pero ellos son por 6 meses al menos nuestras flores que deben ser fecundadas para obtener un valioso fruto, no debemos quejarnos por las flores que nos tocaron, si las cuidamos y alimentamos podremos hacer que sean las más hermosas.
Actualmente todo gira en torno al dinero, de quien gana más, quien tiene el mejor celular, el mejor auto. Hoy un alumno me preguntó: profesor, ¿qué carrera estudio para ganar más dinero? Usted es ingeniero en electrónica ahí se gana buen dinero ¿qué hace como maestro?; a lo que respondí: No todo es dinero en la vida, debes estudiar algo que puedas hacer aunque no te paguen, algo que te guste y te de satisfacciones. Por mi parte, esta profesión me llena de ellas, la semilla que planto en cada uno de ustedes algún día dará frutos.

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